Los más pobres no siempre migran: la paradoja que cambia el debate migratorio



Cuando se habla de migración existe una explicación aparentemente lógica: las personas abandonan los países más pobres buscando oportunidades en los más ricos. Sin embargo, la evidencia internacional muestra una realidad mucho más compleja. Migrar también requiere recursos: dinero para transportarse, contactos, información, documentos y capacidad para sobrevivir mientras se encuentra trabajo. Por eso, quienes viven en condiciones de pobreza extrema muchas veces son precisamente quienes tienen menos posibilidades de cruzar una frontera internacional.

La Organización Internacional para las Migraciones señala que los movimientos internacionales desde países de bajos ingresos han sido históricamente limitados y que existe una creciente desigualdad en la capacidad de movilidad. Actualmente hay alrededor de 281 millones de migrantes internacionales, equivalentes al 3.6% de la población mundial. Es decir, pese a la enorme atención política que recibe la migración, más del 96% de la humanidad continúa viviendo en su país de nacimiento.

Aquí aparece una paradoja estudiada desde hace décadas: cuando un país pobre comienza a desarrollarse, la migración puede aumentar antes de disminuir. Mejores ingresos, educación, transporte y acceso a información permiten que más personas puedan financiar un viaje que anteriormente era imposible. Además, aumentan las aspiraciones: alguien comienza a comparar lo que gana no solamente con sus vecinos, sino con aquello que podría conseguir en otra ciudad o país. Desarrollo y migración, por tanto, no siempre avanzan en direcciones opuestas.

Las redes familiares hacen todavía más poderosa esa dinámica. Cuando alguien consigue establecerse en otro país, puede reducir los costos y riesgos para quienes vienen detrás: proporciona alojamiento, información, oportunidades laborales y contactos. Así se forman corredores migratorios capaces de mantenerse durante generaciones. El ejemplo más grande del planeta está directamente relacionado con México: el corredor México–Estados Unidos reúne cerca de 11 millones de personas nacidas en México y residentes en territorio estadounidense, según el Informe sobre las Migraciones en el Mundo.

Esto ayuda a comprender por qué determinadas comunidades desarrollan auténticas culturas migratorias. En localidades mexicanas con décadas de movilidad hacia Estados Unidos, crecer puede significar convivir desde niño con familiares que trabajan al norte, casas construidas con remesas y relatos sobre oportunidades fuera del país. Una investigación realizada con escolares de Puebla encontró que 93% de los participantes tenía al menos un familiar viviendo en Estados Unidos y 33% tenía uno o más padres residiendo allá. Era una muestra local y no representa a todo México, pero demuestra hasta qué punto la migración puede integrarse en la vida cotidiana de ciertas comunidades.

La consecuencia política es importante. Si migrar depende también de recursos, redes y expectativas, combatir exclusivamente la pobreza no garantiza una reducción inmediata de la emigración. Incluso una mejora económica inicial puede permitir que personas que antes deseaban salir pero no podían finalmente tengan los medios para hacerlo. La decisión migratoria no depende solamente de cuánto posee alguien, sino de la distancia entre la vida que tiene y la vida que cree posible alcanzar. Por eso las políticas migratorias basadas en una sola causa suelen quedarse cortas frente a un fenómeno profundamente social.

Quizá la mayor equivocación sea imaginar al migrante únicamente como alguien que “no tiene nada que perder”. En muchas ocasiones ocurre exactamente lo contrario: necesita suficientes recursos, relaciones y expectativas para intentar construir una vida en otro lugar. La frontera más difícil del mundo puede no ser la que divide dos países, sino la que separa a quienes tienen suficiente movilidad para marcharse de quienes ni siquiera pueden permitirse hacerlo. Entender esa diferencia cambia por completo la conversación sobre pobreza, desarrollo y migración.

Fuentes: Organización Internacional para las Migraciones, Informe sobre las Migraciones en el Mundo 2024; OIM, “La creciente desigualdad en la migración”; Migration Policy Institute, investigaciones sobre migración mexicana y familias transnacionales.