Felipe VI ante Sheinbaum: diplomacia, memoria y poder entre dos naciones


La reunión entre Claudia Sheinbaum y el rey Felipe VI, programada para el 25 de junio de 2026 en Palacio Nacional, será breve, pero estará cargada de significados. El monarca hará una escala en la Ciudad de México antes de viajar a Guadalajara para presenciar el partido entre España y Uruguay. Sin embargo, su decisión de encontrarse con la presidenta mexicana transforma una visita deportiva en un gesto diplomático. Después de años de distanciamiento, México y España parecen dispuestos a reconstruir su relación sin borrar el conflicto histórico que la tensionó.

El desencuentro se remonta a 2019, cuando Andrés Manuel López Obrador envió una carta a Felipe VI solicitando que la Corona reconociera los atropellos cometidos durante la Conquista y participara en un proceso de reconciliación. El Gobierno español rechazó entonces la petición y la controversia fue trasladada rápidamente a la esfera pública. Lo que pudo gestionarse como una conversación diplomática se convirtió en una disputa sobre orgullo nacional, responsabilidad histórica y legitimidad política. Desde entonces, la memoria colonial dejó de ser únicamente un asunto académico y pasó a formar parte activa de la relación bilateral.

Sheinbaum ha decidido mantener esa reivindicación, aunque con una estrategia menos confrontativa. La presidenta adelantó que durante el encuentro defenderá la grandeza de las civilizaciones prehispánicas y recordará que la historia de México no comenzó con la llegada de los españoles. Su planteamiento busca desplazar el centro del relato: México no debe entenderse como una creación derivada de la Colonia, sino como una nación construida también sobre culturas anteriores, conocimientos propios y sociedades complejas. La diplomacia aparece así como un espacio donde se negocian intereses, pero también representaciones del pasado.

España, por su parte, ha comenzado a modificar gradualmente su lenguaje. En octubre de 2025, el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, reconoció que durante la Conquista hubo “dolor e injusticia” hacia los pueblos originarios mexicanos. No fue la disculpa formal que había solicitado López Obrador, pero sí un cambio respecto al rechazo inicial. Felipe VI también acudió a una exposición dedicada a las mujeres indígenas mexicanas, gesto que el Gobierno de Sheinbaum interpretó como una señal de apertura. La reconciliación avanza, por tanto, mediante símbolos cuidadosamente administrados y palabras deliberadamente medidas.

Esta gradualidad demuestra que la política exterior no se construye únicamente con tratados o acuerdos comerciales. También depende de ceremonias, invitaciones, fotografías y silencios. La reunión no contará con una conferencia de prensa posterior, lo que permitirá a ambos gobiernos controlar con mayor precisión la interpretación pública del encuentro. La brevedad, lejos de restarle importancia, puede ser parte del mensaje: existe voluntad de acercamiento, pero todavía no se ha alcanzado una reconciliación plena. Cada gesto deberá evitar tanto la apariencia de subordinación mexicana como la imagen de una humillación española.

En términos de poder, la disputa se centra en quién tiene autoridad para narrar la historia compartida. Durante siglos, la Conquista fue presentada principalmente desde la perspectiva de los vencedores, mientras los pueblos originarios quedaron reducidos a antecedentes de una nación posterior. La exigencia mexicana busca alterar esa jerarquía simbólica y obligar a España a reconocer las voces desplazadas por el relato imperial. Sin embargo, también existe el riesgo de que los gobiernos utilicen la memoria indígena como recurso diplomático sin garantizar la participación directa de las comunidades que dicen representar. Reconocerlas exige algo más que hablar en su nombre.

La normalización responde igualmente a intereses contemporáneos. México y España mantienen vínculos económicos, culturales, lingüísticos y empresariales que desbordan cualquier desacuerdo entre gobiernos. En abril de 2026, Sheinbaum se reunió con el presidente Pedro Sánchez en Barcelona, en la primera visita presidencial mexicana a España en ocho años. Ese encuentro confirmó que ambos países buscaban reactivar la cooperación sin abandonar sus respectivas posiciones sobre el pasado colonial. La memoria histórica importa, pero también existen inversiones, intercambios académicos y agendas internacionales que requieren una relación política funcional.

El encuentro del 25 de junio no resolverá por sí solo una controversia de más de cinco siglos, pero puede modificar la forma en que ambos Estados la comunican. La reconciliación no consiste en olvidar, ni tampoco en convertir el pasado en una condena perpetua. Implica reconocer que las relaciones entre naciones están atravesadas por heridas, desigualdades y narrativas contrapuestas. Si Sheinbaum y Felipe VI consiguen dialogar sin renunciar a la memoria ni utilizarla únicamente como instrumento político, la reunión podrá representar algo más que una escala mundialista: el inicio de una relación capaz de mirar su historia sin quedar prisionera de ella.

Créditos de las fuentes:
Artículo elaborado a partir de “Sheinbaum confirma que recibirá al rey Felipe de España el 25 de junio en CDMX”, de Alonso Urrutia y Alma E. Muñoz, publicado por La Jornada el 18 de junio de 2026. También se consultaron informaciones de Reuters, RTVE, El País y documentos oficiales del Gobierno de México sobre la relación diplomática y la solicitud de reconocimiento por los agravios cometidos durante la Conquista.