Cayó “El Mayo”, pero el poder del Cártel de Sinaloa nunca desapareció

 

Ha pasado un año desde la captura de Ismael “El Mayo” Zambada, uno de los líderes criminales más influyentes en la historia reciente de México. Lo que muchos interpretaron como el inicio del debilitamiento definitivo del Cártel de Sinaloa terminó revelando una realidad mucho más compleja. La caída de un líder no significó el colapso de la organización, sino la reconfiguración de una disputa por el poder que continúa transformando el mapa criminal del país.

La captura de Zambada marcó un punto de inflexión dentro del propio cártel. La organización entró en una etapa de confrontación interna entre las distintas facciones que históricamente habían convivido bajo un liderazgo relativamente estable. El conflicto entre los llamados "Chapitos" y el grupo cercano a "El Mayo" dejó claro que las estructuras criminales contemporáneas poseen una capacidad de adaptación mucho mayor que la de sus dirigentes individuales. El crimen organizado evolucionó de liderazgos personales hacia redes capaces de sobrevivir incluso a la ausencia de sus principales operadores.

Desde la perspectiva del poder, el caso demuestra una de las principales paradojas de la estrategia de seguridad en México. Durante décadas, buena parte de la política criminal se concentró en capturar objetivos prioritarios bajo la lógica de descabezar a las organizaciones. Sin embargo, la experiencia reciente evidencia que la fragmentación del liderazgo no siempre reduce la violencia; en muchos casos la redistribuye y la intensifica, generando nuevas disputas territoriales y reacomodos entre grupos rivales.

La comunicación política también ha desempeñado un papel determinante. Tanto el gobierno mexicano como las autoridades estadounidenses presentaron la captura como un golpe histórico contra el narcotráfico. Sin embargo, doce meses después, la narrativa del éxito enfrenta una realidad mucho más ambigua. El discurso institucional celebra la detención de un capo, mientras la ciudadanía sigue observando escenarios de violencia, desplazamientos y disputas criminales que continúan afectando amplias regiones del país.

El caso también volvió a poner sobre la mesa la compleja relación entre México y Estados Unidos en materia de seguridad. La forma en que ocurrió la captura, las diferencias sobre la participación de agencias estadounidenses y las versiones contradictorias que surgieron posteriormente generaron tensiones diplomáticas que aún no terminan de disiparse. La cooperación bilateral contra el narcotráfico continúa siendo una necesidad estratégica, pero también un terreno donde convergen intereses políticos, soberanía nacional y presiones electorales.

Mientras tanto, el Cártel de Sinaloa continúa operando dentro de una economía criminal profundamente internacionalizada. El tráfico de fentanilo, metanfetaminas, armas y recursos financieros trasciende cualquier frontera y convierte al crimen organizado en un fenómeno transnacional. Pensar que la captura de un solo líder puede desarticular estas redes significa subestimar la capacidad empresarial, logística y tecnológica que hoy poseen las organizaciones criminales.

La historia de "El Mayo" también deja una enseñanza sobre la naturaleza del poder ilegal. Durante décadas construyó influencia mediante alianzas, redes financieras, relaciones territoriales y mecanismos de control social que iban mucho más allá de su presencia física. Cuando un sistema de poder logra institucionalizarse dentro de una organización, su permanencia deja de depender exclusivamente de quien la encabeza. Esa es una de las razones por las que muchas estructuras criminales sobreviven a sus fundadores.

Un año después de la captura de Ismael Zambada, la principal pregunta ya no es qué ocurrió con uno de los narcotraficantes más buscados del mundo, sino qué tan preparada está la estrategia de seguridad para enfrentar organizaciones que aprendieron a sobrevivir a la pérdida de sus líderes. La verdadera batalla ya no consiste únicamente en capturar capos, sino en desmontar las estructuras económicas, políticas y sociales que permiten al crimen organizado reproducir su poder generación tras generación.

Fuente: El País. “México sin ‘El Mayo’ Zambada, año dos” (2026).