El desarraigo del migrante: lo que dice la fenomenología sobre sentirse en casa


Migrar no es solo cambiar de lugar. Es, según los estudios fenomenológicos, una transformación de cómo se siente uno en el mundo. Esta nota se apoya en dos textos teóricos, no en datos empíricos: un artículo de Alba Montes Sánchez publicado en 2024 en la revista Isegoría, y una entrada de glosario de Cristina Garrigós, de la UNED, para el proyecto europeo MigraMedia. Ninguno ofrece cifras: son reflexiones filosóficas, y lo que se resume son sus ideas.


Montes Sánchez analiza el sentimiento de pertenencia a partir de un ensayo autobiográfico del escritor Theodor Kallifatides. Su tesis es que la migración interrumpe y reconfigura la pertenencia del migrante a un grupo nacional y cultural, y que esa pertenencia no es un simple adentro o afuera: es gradual, ambivalente y maleable. Según la autora, está moldeada por el reconocimiento de los demás, en particular por la estima, no por el mero respeto ni el afecto, y por la forma en que la persona se narra a sí misma.


Esa última idea tiene un matiz. La autora afirma que contar la propia historia permite reinterpretar el pasado y redefinir el grupo de referencia, pero que el migrante sigue dependiendo de las respuestas de los demás, y que no suscribe una tesis fuerte de que la identidad sea solo narrativa. También distingue entre una pertenencia que aparece como emoción ocasional y una que funciona como orientación afectiva de fondo, y recurre a autores como Alfred Schütz, que describió la figura del extranjero en 1944, a Axel Honneth sobre el reconocimiento y a Gerda Walther sobre cómo la pertenencia nos hace ver a otros como semejantes.


La entrada de Garrigós propone una vía complementaria centrada en el hogar. Para ella no es un lugar fijo ni único, sino un concepto dinámico y disputado, formado por la memoria, el afecto, el poder y el desplazamiento; en contextos poscoloniales y migratorios funciona como una negociación continua entre pasado y presente. Cita a Gaston Bachelard, para quien la casa es un espacio de intimidad y memoria más que de geografía, a Salman Rushdie y la patria imaginada, a Edward Said y el hogar perdido, y a Homi Bhabha, que asocia el exilio con lo "unhomely", un espacio doméstico contaminado por la violencia histórica.


La perspectiva más ligada a la fenomenología es la de Sara Ahmed, según Garrigós: estar en casa es sobre todo una cuestión de afecto y de cómo el cuerpo experimenta el lugar, es decir, cómo uno se siente o cómo podría no sentirse. La migración produce así una incomodidad corporal y memorística, y Ahmed critica las visiones que presentan la movilidad como libertad. De esa incomodidad pueden surgir, según el texto, nuevas comunidades basadas en futuros compartidos.


Estas ideas ofrecen un vocabulario para describir una experiencia que las estadísticas migratorias no recogen: sentirse fuera de lugar, comparar el presente con un hogar idealizado, depender de cómo te mira el otro. Pero tienen límites. Son marcos teóricos construidos desde casos particulares, como el ensayo de un escritor, y no pretenden decir cuántos migrantes sienten qué. Quien los use debe tratarlos como lentes para entender relatos concretos, no como afirmaciones sobre el conjunto de la población migrante.


**Fuentes:** Isegoría 70 (El sentimiento de pertenencia y sus transformaciones en la emigración: una aproximación fenomenológica a partir de un ensayo de Theodor Kallifatides, Alba Montes Sánchez, 2024); MigraMedia, Universidad de Hildesheim, proyecto Erasmus+ (entrada de glosario sobre hogar, Cristina Garrigós, UNED).