La fuga de cerebros latinoamericana: formar talento para que otros lo aprovechen



En 2024, la revista Science publicó un artículo sobre los recortes presupuestarios que afectaban a la ciencia argentina, un país con una larga tradición científica y cinco premios Nobel. La reducción de fondos para el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y las universidades públicas, en el marco del ajuste del gobierno de Javier Milei, llevó a cientos de investigadores a plantearse emigrar. Sus defensores hablaron de "cienticidio"; el gobierno defendió la necesidad de reducir el gasto público. El episodio reavivó un debate que acompaña a América Latina desde hace décadas: la fuga de cerebros.


El término describe la emigración de personas altamente calificadas, como científicos, médicos, ingenieros o profesionales universitarios, desde países de menores ingresos hacia economías más ricas. América Latina lo conoce bien. En los años setenta, las dictaduras del Cono Sur expulsaron a miles de académicos. En las últimas décadas, las crisis económicas en Argentina, la inestabilidad en distintos países y, sobre todo, el colapso de Venezuela han impulsado nuevas oleadas. De Venezuela han salido cerca de ocho millones de personas, según la Plataforma Interagencial R4V, entre ellas una gran proporción de médicos, ingenieros petroleros, docentes y profesionales que hoy trabajan en Colombia, Chile, Perú, España o Estados Unidos.


Las causas combinan factores de expulsión y de atracción. Entre los primeros están los salarios bajos, la falta de financiamiento para la investigación, la inestabilidad económica y política, la inseguridad y la escasez de puestos acordes con la formación. Entre los segundos, los salarios más altos, los laboratorios mejor equipados, la estabilidad y las políticas activas de países que buscan atraer talento, como Estados Unidos, Canadá, España o Alemania, que compiten por profesionales en sectores con escasez de personal, como la salud y la tecnología.


El costo para los países de origen es considerable. Formar a un médico o un doctor en ciencias requiere años de inversión pública, que se pierde, al menos en parte, cuando esa persona desarrolla su carrera en el extranjero. La partida de profesionales de la salud puede agravar la escasez de personal en sistemas sanitarios ya frágiles, y la salida de investigadores debilita la capacidad de un país para generar conocimiento propio y resolver sus problemas.


Sin embargo, los economistas que estudian la migración, como Frédéric Docquier y Hillel Rapoport, han matizado la visión puramente negativa. Hablan también de "circulación de cerebros": los profesionales emigrados envían remesas, transfieren conocimientos, crean redes de colaboración científica con sus países de origen y, en algunos casos, regresan con experiencia y contactos valiosos. La posibilidad de emigrar puede incluso incentivar a más jóvenes a estudiar, lo que aumenta el capital humano del país. Países como India o China se beneficiaron de sus diásporas científicas y tecnológicas cuando crearon condiciones para atraerlas de vuelta o colaborar con ellas.


Varios países latinoamericanos han ensayado programas de repatriación de científicos, como el programa Raíces en Argentina, que logró el regreso de más de 1.000 investigadores en la década de 2010, o iniciativas en México, Colombia y Chile. Su éxito depende de algo que no se resuelve con incentivos puntuales: un financiamiento estable de la ciencia y condiciones de vida que hagan atractivo quedarse.


El debate sobre la fuga de cerebros obliga a una pregunta incómoda: ¿puede una región que invierte en formar talento permitirse no darle un lugar para desarrollarse? Para millones de profesionales latinoamericanos, emigrar no es una traición ni una aventura, sino una decisión racional ante la falta de oportunidades. Revertir la tendencia exige cambiar esas condiciones, no culpar a quienes se van.


Fuentes: Science (2024); CONICET; Plataforma de Coordinación Interagencial para Refugiados y Migrantes de Venezuela (R4V); Docquier y Rapoport, "Globalization, Brain Drain, and Development", Journal of Economic Literature (2012); Programa Raíces (Ministerio de Ciencia de Argentina); La Gaceta; Primera Edición.