Sin patria en los papeles: la apatridia y el derecho a tener una nacionalidad


La filósofa Hannah Arendt, que vivió ella misma años como apátrida tras huir de la Alemania nazi, escribió que el primer derecho humano es "el derecho a tener derechos", es decir, a pertenecer a una comunidad política que los garantice. Sin una nacionalidad, una persona puede no tener acceso a documentos de identidad, a la escuela, a la atención médica, a un empleo formal, a casarse legalmente o incluso a registrar el nacimiento de sus hijos. Según la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), a finales de 2025 había en el mundo unos 4,5 millones de personas apátridas registradas, una cifra que la propia agencia reconoce como muy inferior a la real.


El artículo 15 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos establece que toda persona tiene derecho a una nacionalidad y que nadie puede ser privado arbitrariamente de ella. Dos convenciones de la ONU, de 1954 y 1961, buscan proteger a los apátridas y prevenir nuevos casos. Sin embargo, la apatridia persiste por múltiples causas: leyes discriminatorias por motivos étnicos o religiosos, la disolución de Estados, vacíos entre las legislaciones de distintos países o normas que impiden a las madres transmitir su nacionalidad a sus hijos. El mayor grupo apátrida del mundo son los rohinyás de Myanmar, con alrededor de 1,8 millones de personas.


América Latina tiene una tradición jurídica favorable: la mayoría de sus países reconoce la nacionalidad por nacimiento en el territorio, el llamado ius soli, lo que reduce mucho el riesgo de apatridia. Por eso, en 2014, los gobiernos de la región adoptaron el Plan de Acción de Brasil, que se propuso erradicar la apatridia en el continente. Pero la región también ofrece uno de los casos más graves del mundo. En septiembre de 2013, el Tribunal Constitucional de República Dominicana dictó la sentencia 168-13, que interpretó de forma retroactiva la Constitución para negar la nacionalidad a las personas nacidas en el país desde 1929 de padres extranjeros en situación irregular. La decisión afectó sobre todo a dominicanos de ascendencia haitiana, muchos de los cuales nunca habían conocido otro país. Organismos como la Corte Interamericana de Derechos Humanos la condenaron, y aunque una ley posterior, de 2014, abrió vías para restituir documentos, miles de personas siguen en un limbo legal.


La crisis migratoria venezolana creó otro riesgo. Millones de venezolanos emigraron a países vecinos, y muchos de sus hijos nacieron en el extranjero en un momento en que los consulados de su país estaban cerrados o no funcionaban. En países que no otorgan la nacionalidad a hijos de extranjeros sin residencia, esos niños podían quedar sin ninguna nacionalidad. Colombia respondió en 2019 con la medida "Primero la niñez", que concedió la nacionalidad colombiana a más de cien mil niños nacidos de padres venezolanos, un ejemplo citado internacionalmente como buena práctica.


La apatridia es, en muchos casos, un problema invisible. Quienes la padecen a menudo no aparecen en ningún censo, y sus historias rara vez llegan a los medios. Sus consecuencias se transmiten de generación en generación: un niño sin papeles difícilmente podrá estudiar, y sus hijos heredarán la misma condición. A la vez, es uno de los problemas de derechos humanos con soluciones más claras, porque depende de decisiones legales y administrativas: reformar leyes discriminatorias, garantizar el registro universal de nacimientos y facilitar procedimientos para reconocer la nacionalidad.


La campaña de ACNUR para acabar con la apatridia en una década, lanzada en 2014, no alcanzó su meta, pero logró que cientos de miles de personas obtuvieran una nacionalidad. La pregunta que plantea Arendt sigue vigente: en un mundo organizado en Estados, no pertenecer a ninguno equivale, en la práctica, a no existir.


Fuentes: ACNUR, Tendencias Globales (junio de 2026); Declaración Universal de los Derechos Humanos (art. 15); Convenciones de la ONU sobre apatridia (1954 y 1961); Tribunal Constitucional de República Dominicana (sentencia 168-13); Corte Interamericana de Derechos Humanos; Gobierno de Colombia ("Primero la niñez", 2019); Arendt, Los orígenes del totalitarismo (1951).